viernes 10 de abril de 2009





viernes 9 de enero de 2009

Asco y otras verdades.

I
De pronto se respira un aire
nauseabundo en ciudad muerte
- aún más que de costumbre -
y aspiro el hedor atmosférico
de la maquinaria pesada
que golpea y taladra y machaca
sin cesar las arterias de
aquel ser asfáltico que
yace bajo mis pies, pidiendo
a gritos de letreros y de luces
brillantes vítreas que se
mate, que se destruya todo
pétalo quemante de ideas nuevas
y atrevidas que amenazan su
pétreo cerebro.
II
Rondan los perros metálicos, los
guardianes cerberos encargados
de ejecutar, morder y rasgar
cada halo de belleza que
ensucie su propia belleza,
rompiendo el equilibrio entre
lo "esto" y lo "aquello", donde
lo aquello es una imagen
pútrida (hermosa) de la familia
mortal.
III
Entra por las ventanas el
vaho purulento salido de
las alcantarillas de la ciudad,
alimentado por las mascotas
citadinas más queridas;
las ratas, pasean por las
basura haciendo maromas
como si se tratara de un juego
dulce y agradable, y se
supone que si, lo es.
IV
Se impregna en las pieles la
lluvia, nubes sublimando agua
espesa como el aceite, se
desgasta la vida misma
de la muerte, se oxida, se transforma
en hierro y herrumbre, se gasta,
se hace polvo y lo aspiro,
lleno mis pulmones de partículas,
cada una más mortal que la
anterior.
V
Muere la muerte y queda el
cascarón ultrajado de un ave
extremadamente fea,
la vida.

miércoles 26 de noviembre de 2008


Luego de caminar un rato llegaron a la alameda, hacia una noche cálida, lo único que enrarecía el ambiente era el exceso de polillas.

Cruzaron para tomar la micro y él dijo un tanto extrañado
- Mira, la torre está al otro lado, que raro -

Su amigo lo miro y le contestó un tanto divertido
-Estas loco. Lo que pasa es que nunca habías andado por aquí, tienes los polos cambiados - Soltó una carcajada.

Y sin más ni más siguieron esperando.

Cuando apareció la micro levantaron la mano, esperaron que se detuviera y subieron. Pasaron por el lado de la torre y su amigo dijo
- ¿Ves ahora, ya te orientaste? -
- Creo que sí - Contestó él con el ceño un poco fruncido y pensó - Estoy seguro que estaba al otro lado -

La micro tomó una curva y se perdió de vista en dirección a la cordillera.

La luna brillaba en el cielo nocturno, las polillas retozaban en las lámparas de los paseos. Hubo una leve ráfaga de viento que hizo crujir las hojas de los árboles. Luego la quietud dominó la noche y en el silencio pudo oírse una pequeña risita.

Era la torre que se reía de sus travesuras.

sábado 13 de septiembre de 2008

Transardina.


- No son micros, son envases. Prontito nos van a enlatar, y toditos vamos a ser vendidos, esperense no más -
Estaba en el paradero cuando oí que alguien decía eso. Me di vuelta para ver de quien manaban tales ideas, y cuando apenas había girado la cabeza vi a un mendigo.

Llevaba un raro tocado en la cabeza, muy al estilo monja para cubrirse el pelo, solo que este lo hacía con una gastada y raída falda. Llevaba un báculo, y habría pasado por el de un pastor, sólo que éste era de un refulgente pvc anaranjado y en su cima llevaba un pequeño avioncito plástico. Sus cejas habían crecido al punto de confundirse con persianas, sus dientes semejaban un nácar bronceado, por la falta de limpieza, y su cara estaba manchada y erosionada por la vida en la calle. Su cuerpo parecía hecho por un escultor ciego que recientemente se estuviera iniciando en este arte y sus ropas parecían hechas de trapos que no conocían más que penurias.
Así pues, este extravagante personaje sermoneaba a los estacionarios peatones que esperaban la micro, asustaba a algunos, divertía al punto de la carcajada a otros.

- Ríanse no más, ríanse - Apuntaba con el dedo a cada uno de los presentes -, ya me reiré yo cuando los vea en la vitrina de una tienda, con un precio encima de ustedes. Ahí se acordarán de mí los insensatos -

Las carcajadas iban en aumento, sólo cesaron cuando se diviso a lo lejos el blanco-línea-verde de la micro y todos comenzaron a hacer la fila para abordar esta articulada nave.

El verdejo quedó abajo y siguió por unos metros a la micro que avanzaba a paso lento gritando
- ¡Ya van a ver, ya van a ver, insensatos, ya van a ver! -

Unos meses después de este hecho de el mendigo nada había cambiado. Todos seguíamos haciendo la misma fila en el mismo paradero, a la misma hora los mismos días.

Subimos a la ya conocida micro y ésta tomó su camino, largo y lento.

La micro continuó su curso tranquilamente, repletamente. Se internó en un oscuro túnel, avanzó algo así de cien metros y paró. todas las cabezas se volvieron al conductor o , por lo menos, a su asiento. El conductor no estaba. Se apagaron las luces y se dio paso al pánico. La micro era una olla de grillos, repleta de chillidos y lamentos.

Entonces pasó algo. Una sacudida, primero pequeña, luego mas grande y una ultima enorme.
Alguien gritó
- ¡Está temblando! - y una avalancha de gritos me perforó los oídos.
Caí y perdí el conocimiento.

Luego de lo que habrá sido, que se yo, una hora, desperté, pero al mirar a mi alrededor me di cuenta que no era el único que recién despertaba, la mayoría, si no todos, estaban despertando.

Nos acercamos a las ventanas del bus y por el lado que nos acercamos estaban tapadas por algo así como una cinta de esas que usan para las propagandas, las que ponen en el metro y todo eso.

En ella estaba escrito en grandes dígitos un número, no se si diez mil o cien mil, no entendí bien los números, estaba algo mareado.

Nos acercamos a las ventanas del otro lado y pudimos ver una gigantesco lugar, donde brillaban pendones de colores que decían "Oferta de la semana" y de éstos salían unas flechas que indicaban el bus.

Me tomé la cabeza con las dos manos, pensé que tenía que estar soñando

- Sí, tiene que ser un sueño, una pesadilla - me dije.

Cuando miré de nuevo por las ventanas pude ver un tubo de pvc con un avioncito y una falda tiradas no muchos más allá de nosotros.

sábado 16 de agosto de 2008

N.N.

mariposa del cielo,
tus alas abiertas,
desnuda en el mundo,
soñando despierta.

viernes 18 de julio de 2008

Conciencia con M


- Parece como si fuese ayer que empezamos. Yo dándomelas de superhombre por que la tenia a mi lado, todo tenia lindo color, el cielo era más azul y todo pareci más facil. Era la raja compadre -

En nuestra conversación con el café de mediodía surgían las cosas más increíbles que se puedan imaginar. Por ejemplo, yo nunca me imagine que este huevón sacase sus sentimientos sin estar completamente ebrio y a plena luz del día, a lo que me refiero es que este es el rey de la reserva y tiene que estar realmente mal para hablar.

Estabamos en eso - bebiendo café - cuando empezó a recordar, a rememorar los, según él, bellos momentos que había pasado con la... ni siquiera sé su nombre. Todo lo que sé es que cuando terminaron a mi compadre se le vino el mundo encima, andaba pa´l gato, parecía perro apaleado. Esa debe ser la semana que lo he visto más mal.

-Todavía la recuerdas, todavía te acuerdas de todo eso? - Le pregunté.

- Claro que me acuerdo, pero no por que quiera, hay algo que me hizo recordar, hablé con ella hace poco - se oía bastante alegre - hablamos de todo lo ocurrido y recordamos bastantes cosas -
- De qué hablaron? - Pregunté yo.

- De nuestra relación... ex relación. aclaramos algunos puntos, tomamos resoluciones, etc -

- Suena como una reunión politica - Dije, bastante aburrido.

En el intervalo de mi interrupción encendí un pucho, aspire una bocanada de humo y dije.

- Parece que te gusta sufrir, por que no te dejas de wevadas y me dices que te pasa ? -

Mientras planteaba esta pregunta se entretenía mirando una chiquilla que pasaba por ahí, tengo que decir que era bastante atractiva.

Se quedó en silencio por unos instantes y luego me dijo.

- Compadre, creo que me estoy e... - Pasó una oruga del transantiago y con la bulla no oí nada -

- Qué? repite que no te oí nada - Apremié un tanto molesto por el ruido.

- Creo que me gus... - Esta vez las bocinas de los autos que jemían por poder pasar, y lo unico que capte fue - de nuevo -

Él miró la hora en su celular y me dijo que tenía clases en un rato más, así que pedimos la cuenta, pagamos y nos fuimos caminando.
Me despedí de él y me fui a la casa, y ahora que lo pienso creo que ya sé que es lo que me dijo que no oí.

Huevón.